El desierto florece
Al desierto mismo se le manda alegrarse. A quienes tienen manos temblorosas y corazón ansioso se les dice que su Padre viene en persona. Los ojos ciegos se abren, el cojo salta, el agua brota de la arena ardiente y un camino limpio lleva a casa, donde los necios no pueden extraviarse.
35 1El desierto y la tierra seca se alegrarán; el yermo se regocijará y florecerá como el azafrán. 2Florecerá abundantemente y se regocijará con júbilo y cánticos. Se le dará la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de nuestro Padre, la majestad de nuestro Padre. a a v2 El Líbano, el Carmelo y Sarón eran regiones del antiguo Israel célebres por sus frondosos bosques, sus laderas fértiles y su belleza natural: proverbiales por su esplendor.
3Fortaleced las manos débiles, y afirmad las rodillas que se doblan. 4Decid a los de corazón angustiado: «¡Sed fuertes; no temáis! Mirad, vuestro Padre vendrá con justicia, con la retribución de nuestro Padre. Él vendrá y os salvará».
5Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y se destaparán los oídos de los sordos. b b v5 Cuando Juan el Bautista preguntó desde la cárcel si Jesús era el que había de venir, Jesús respondió con estas mismas palabras —los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos saltan—, señalando su ministerio de sanidad como la llegada del rescate largamente prometido por el Padre (Mateo 11:5; Lucas 7:22). 6Entonces el cojo saltará como un ciervo, y la lengua del mudo cantará de gozo. Porque aguas brotarán en el desierto, y torrentes en el yermo. 7La arena ardiente se convertirá en estanque, y el suelo sediento en manantiales de agua; en la guarida donde se echan los chacales, la hierba se convertirá en cañas y juncos.
8Y habrá allí una calzada, un camino, y será llamado Camino de Santidad. No lo transitará el inmundo; es para el que anda por el camino, y ni aun los necios se extraviarán. 9No habrá allí león, ni bestia feroz alguna transitará por él; no se hallarán allí. Pero los redimidos andarán por él, 10y los rescatados de nuestro Padre volverán. Vendrán a Sion con cánticos, y gozo eterno habrá sobre sus cabezas; alegría y gozo los alcanzarán, y huirán la tristeza y el gemido.