Un rey que reina en justicia
Líderes que resguardan al pueblo como la sombra de una roca en tierra sedienta se oponen al necio que miente acerca del Padre y deja vacío el plato del hambriento. Las mujeres acomodadas oyen que la cosecha fallará. El palacio queda desierto hasta que el Espíritu es derramado y el desierto se vuelve fértil.
32 1Miren, un rey reinará en justicia, y los gobernantes gobernarán con rectitud. 2Cada uno será como refugio contra el viento, amparo contra la tempestad, como corrientes de agua en tierra seca, como la sombra de una gran roca en tierra sedienta. 3Entonces los ojos de los que ven no se cerrarán, y los oídos de los que oyen escucharán. 4La mente precipitada comprenderá el conocimiento, y la lengua tartamuda hablará con soltura y claridad. 5Nunca más se llamará noble al necio, ni se dirá honorable al canalla. 6Porque el necio habla necedades, y su corazón trama el mal: para practicar la impiedad, para hablar mentiras acerca de nuestro Padre, para dejar sin nada al hambriento y privar de bebida al sediento. 7Las armas del canalla son malignas; él urde planes perversos para destruir al pobre con palabras mentirosas, aun cuando el necesitado defiende su causa con justicia. 8Pero la persona noble planea cosas nobles, y por las cosas nobles se mantiene firme.
Levántense, hijas indolentes
9Mujeres indolentes, levántense y oigan mi voz; hijas confiadas, escuchen lo que digo.
10«Dentro de poco más de un año temblarán, mujeres confiadas, porque fallará la vendimia, y no habrá cosecha. 11¡Tiemblen, indolentes; estremézcanse, confiadas! Despójense y desnúdense, y ciñan sus cinturas con ropas de luto. 12Golpéense el pecho por los campos deleitosos, por la vid fructífera, 13por la tierra de mi pueblo, donde crecen espinos y zarzas; sí, por todas las casas de alegría en la ciudad jubilosa. 14Porque el palacio quedará abandonado, la ciudad bulliciosa desierta; la colina y la atalaya se convertirán en páramos para siempre, deleite de asnos salvajes, pastizal de rebaños, 15hasta que sea derramado sobre nosotros el Espíritu de nuestro Padre desde lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea tenido por bosque. 16Entonces la justicia morará en el desierto, y la rectitud permanecerá en el campo fértil. 17La obra de la justicia será paz, y el efecto de la justicia, tranquilidad y seguridad para siempre. 18Mi pueblo habitará en morada de paz, en viviendas seguras, en lugares de reposo apacible. 19Aunque el granizo derribe el bosque y la ciudad sea completamente arrasada, 20dichosos ustedes, los que siembran junto a todas las aguas, los que dejan sueltos al buey y al asno».