Fija tus ojos en Jesús
Moisés fue fiel en la casa de nuestro Padre; Jesús la edificó. A partir de ahí, el autor cita a la generación del desierto que oyó la voz y aun así endureció su corazón, y lo aplica directamente: anímense unos a otros cada día, mientras todavía se dice hoy, para que nadie se endurezca por el engaño del pecado.
3 1Por tanto, hermanos santos, que participáis del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el apóstol y sumo sacerdote que confesamos. 2El cual fue fiel al que lo constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de nuestro Padre. 3Jesús es digno de mucha más gloria que Moisés, así como el que construye una casa recibe más honra que la casa misma. 4Porque toda casa es construida por alguien, pero el que construyó todas las cosas es nuestro Padre. 5Moisés fue fiel en toda la casa de nuestro Padre, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir después. 6Pero Cristo, como hijo, es fiel sobre su casa. Y nosotros somos su casa, si retenemos firme la confianza y la esperanza de la cual nos gloriamos.
7Por eso, como dice el Espíritu Santo: «Hoy, si oís su voz, a a v7 El libro de Hebreos trata la Escritura como la voz viva del Espíritu Santo: el mismo Espíritu que habló por medio de los profetas nos habla hoy, llamándonos al reposo de nuestro Padre. 8no endurezcáis vuestros corazones, como en la rebelión, en el día de la prueba en el desierto, 9donde vuestros padres me pusieron a prueba y vieron mis obras durante cuarenta años. 10Por eso me indigné contra aquella generación, y dije: “Siempre se extravía su corazón, y no han conocido mis caminos”. 11Por tanto, juré en mi ira: “No entrarán en mi reposo”.»
12Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros un corazón malo e incrédulo que se aparte del Padre vivo. 13Antes, exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: «Hoy», para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. 14Porque hemos llegado a ser participantes de Cristo, si en verdad retenemos firme hasta el fin nuestra confianza del principio. 15Mientras se dice: «Hoy, si oís su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la rebelión».
16¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, se rebelaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por medio de Moisés? 17¿Y con quiénes estuvo indignado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 19Y vemos que no pudieron entrar a causa de la incredulidad.