No nos apartemos
Puesto que el mundo venidero no se ha confiado a los ángeles sino a los seres humanos, y puesto que los hijos comparten carne y sangre, el Hijo también tomó carne, para quebrar el poder de la muerte y librar a los que el miedo a morir tenía cautivos toda la vida. Habiendo sido él mismo probado, ayuda a los que son probados.
2 1Por tanto, es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que nos apartemos. 2Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles se mantuvo firme, y toda transgresión y desobediencia recibió su justa retribución, 3¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? Anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por quienes le oyeron, 4mientras que nuestro Padre daba también testimonio junto con ellos, mediante señales, prodigios, diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo, según su voluntad.
El mundo venidero
5Porque no fue a los ángeles a quienes nuestro Padre sujetó el mundo venidero, del cual estamos hablando. 6Alguien testificó en cierto lugar, diciendo: «¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que te ocupes de él? 7Lo hiciste un poco menor que los ángeles; lo coronaste de gloria y de honra, 8y todo lo pusiste en sujeción debajo de sus pies». Ahora bien, al sujetarle todas las cosas, nuestro Padre no dejó nada fuera de su dominio. Sin embargo, al presente todavía no vemos que todas las cosas le estén sujetas a Cristo.
9Pero vemos a Jesús, hecho un poco menor que los ángeles, ahora coronado de gloria y de honra por haber padecido la muerte, para que por la gracia de nuestro Padre gustase la muerte por todos.
10Porque convenía que nuestro Padre, para quien y por medio de quien existen todas las cosas, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos, llevando muchos hijos a la gloria. 11Porque el que santifica y los que son santificados, todos provienen de un solo Padre. Por eso él no se avergüenza de llamarlos hermanos, a a v11 Aquellos a quienes Jesús santifica comparten su Padre: son restaurados a la misma familia a la que él pertenece eternamente. Él no se avergüenza de llamarlos sus hermanos.
12diciendo: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te cantaré alabanzas».
13Y otra vez: «Yo confiaré en él». Y otra vez: «Aquí estoy yo, y los hijos que nuestro Padre me dio». b b v13 Jesús pronuncia estas palabras de la profecía de Isaías, presentándose junto con los hijos que nuestro Padre le ha confiado: una sola familia, un solo Padre.
14Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, 15y librar a todos los que, por el temor de la muerte, estaban sometidos a esclavitud durante toda su vida. 16Porque ciertamente no socorre a los ángeles, sino a la descendencia de Abraham. 17Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en el servicio a nuestro Padre, para quitar los pecados del pueblo. 18Pues por cuanto él mismo padeció al ser tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.