Nuestro Padre trae a Esdras a Jerusalén
Esdras, sacerdote y escriba experto en la Ley, llega de Babilonia con la carta del rey que le concede plata, provisiones y autoridad para nombrar jueces. El capítulo repite el porqué: la buena mano de su Padre estaba sobre él. Esdras había dispuesto su corazón para estudiar, obedecer y enseñar.
7 1Después de estos acontecimientos, durante el reinado de Artajerjes rey de Persia, Esdras hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Hilcías, 2hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ahitob, 3hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Meraiot, 4hijo de Zeraías, hijo de Uzi, hijo de Buqui, 5hijo de Abisúa, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sumo sacerdote. 6Este Esdras subió de Babilonia; era un escriba experto en la Ley de Moisés que nuestro Padre, el Dios de Israel, había dado. El rey le concedió todo lo que pidió, porque la mano de su Padre estaba sobre él. 7Algunos israelitas, sacerdotes, levitas, cantores, porteros y servidores del templo subieron a Jerusalén en el séptimo año de Artajerjes el rey. 8Esdras llegó a Jerusalén en el quinto mes, en el séptimo año del rey. 9El primer día del primer mes salió de Babilonia; llegó a Jerusalén el primer día del quinto mes, porque la buena mano de su Padre estaba sobre él. 10Pues Esdras había dispuesto su corazón para estudiar la Ley de nuestro Padre, obedecerla y enseñar sus estatutos y ordenanzas en Israel.
La carta del rey para Esdras
11Esta es una copia de la carta que el rey Artajerjes entregó a Esdras el sacerdote y escriba, experto en los mandamientos y estatutos de nuestro Padre para Israel:
12Artajerjes, rey de reyes, a Esdras el sacerdote, escriba de la Ley del Dios del cielo: saludos. Y ahora,
13yo decreto: todo israelita de mi reino, con sacerdotes y levitas, que esté dispuesto a ir a Jerusalén, puede ir contigo. 14Porque eres enviado por el rey y sus siete consejeros a investigar acerca de Judá y Jerusalén conforme a la Ley de tu Dios, que está en tu mano, 15y a llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros dieron voluntariamente al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalén, 16junto con toda la plata y el oro que halles por toda la provincia de Babilonia, además de las ofrendas voluntarias del pueblo y de los sacerdotes, dadas libremente para la casa de su Dios en Jerusalén. 17Con este dinero, compra sin demora toros, carneros y corderos, con sus ofrendas de grano y de libación, y ofrécelos sobre el altar de la casa de tu Dios en Jerusalén. 18Haz con el resto de la plata y el oro lo que te parezca mejor a ti y a tus hermanos, conforme a la voluntad de tu Dios. 19Entrega ante el Dios de Jerusalén los utensilios que te fueron dados para el servicio de la casa de tu Dios. 20Suministra del tesoro del rey todo lo demás que necesite la casa de tu Dios y que te corresponda proveer.
21Yo, el rey Artajerjes, decreto a todos los tesoreros de la provincia del Otro Lado del Río: cumplan con exactitud todo lo que Esdras el sacerdote, escriba de la Ley del Dios del cielo, les pida, 22hasta unos 3.400 kilos de plata, 22.000 litros de trigo, 2.200 litros de vino, 2.200 litros de aceite, y sal sin límite. 23Todo lo que el Dios del cielo mande, háganlo cabalmente para su casa, para que no venga ira sobre el reino del rey y sobre sus hijos. 24También les informamos: no se podrá imponer tributo, impuesto ni peaje a ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, servidores del templo ni trabajadores de esta casa de Dios.
25Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría de tu Dios que está en tu mano, nombra magistrados y jueces que gobiernen a todo el pueblo de la provincia del Otro Lado del Río, a todos los que conocen las leyes de tu Dios. Y a los que no las conocen, enséñales. 26Y a todo aquel que no cumpla la ley de tu Dios y la ley del rey, que se le castigue con rigor: con muerte, destierro, confiscación de bienes o prisión.
27Bendito sea nuestro Padre, Dios de nuestros antepasados, que puso en el corazón del rey el embellecer la casa de nuestro Padre en Jerusalén, 28y que me mostró amor fiel delante del rey, de sus consejeros y de todos los poderosos oficiales del rey. Así cobré ánimo, porque la mano de mi Padre estaba sobre mí, y reuní a los líderes de Israel para que subieran conmigo.