El fin ha llegado
La palabra de nuestro Padre es sencillamente el fin. No es una advertencia con tiempo de sobra: la ruina ha llegado, comprador y vendedor lo pierden todo por igual, y la plata y el oro se arrojan a las calles como inservibles. Profeta, sacerdote y anciano se quedan sin consejo. Nada aquí se suaviza.
7 1Vino a mí la palabra de nuestro Padre, diciendo:
2Y tú, hijo de hombre: así dice el Padre soberano a la tierra de Israel: ¡Un fin! El fin viene sobre los cuatro extremos de la tierra. 3Ahora el fin está sobre ti, y enviaré mi ira contra ti. Te juzgaré conforme a tus caminos y traeré sobre ti todas tus abominaciones. 4Mi ojo no te perdonará, ni tendré piedad; te pagaré conforme a tus caminos, y tus abominaciones estarán en medio de ti. Entonces sabrás que yo soy tu Padre. 5Así dice el Padre soberano: ¡Desastre! Un desastre como ningún otro: ¡mira, ya viene! 6¡Ha llegado un fin! ¡Ha llegado el fin! Se ha despertado contra ti: ¡mira, ya viene! 7La perdición ha venido sobre ti, tú que habitas en la tierra. Ha llegado el tiempo; cerca está el día: día de pánico, y no de gritos de alegría en los montes. a a v7 Los montes eran lugares tradicionales de fiesta y celebración comunitaria en el antiguo Israel; el contraste está en que este día solo trae terror, y no gozo. 8Muy pronto derramaré mi furor sobre ti y desataré mi ira contra ti. Te juzgaré conforme a tus caminos y traeré sobre ti todas tus abominaciones. 9Mi ojo no perdonará, ni tendré piedad; te pagaré conforme a tus caminos, y tus abominaciones estarán en medio de ti. Entonces sabrás que yo soy tu Padre, el que hiere. 10¡Mira, el día! ¡Mira, ya viene! La perdición ha salido; la vara ha florecido, la arrogancia ha retoñado. 11La violencia se ha levantado como vara de maldad. No quedará nada de ellos, ni de su multitud, ni de su riqueza, y nada de valor entre ellos. 12Ha llegado el tiempo; ha llegado el día. Que no se alegre el que compra, ni se entristezca el que vende, porque el furor está sobre toda su multitud. 13El que vende no volverá a lo que vendió, aunque ambos sigan con vida. Porque la visión contra toda su multitud no será revocada, y por causa de su pecado nadie podrá aferrarse a su vida.
14Han tocado la trompeta y lo han preparado todo, pero nadie va a la batalla, porque mi furor está sobre toda su multitud. 15La espada está afuera; la peste y el hambre están adentro. El que esté en el campo morirá a espada, y al que esté en la ciudad, el hambre y la peste lo devorarán. 16Los que de ellos escapen huirán a los montes como palomas de los valles, todos ellos gimiendo, cada uno por su propio pecado. 17Toda mano se debilitará, y toda rodilla se volverá como agua. 18Se vestirán de luto, y el horror los cubrirá; la vergüenza estará en todo rostro, y toda cabeza será rapada. 19Arrojarán su plata por las calles, y su oro será tratado como algo inmundo. Su plata y su oro no podrán librarlos en el día de mi furor. No podrán saciar su hambre ni llenar sus estómagos, porque fue el tropiezo que los hizo caer en pecado. 20Se enorgullecieron de la belleza de sus adornos y con ellos hicieron sus imágenes detestables y sus ídolos viles. Por eso he convertido estas cosas en algo inmundo para ellos. 21Entregaré estas cosas como botín a los extranjeros y como despojo a los malvados de la tierra, y ellos las profanarán. 22Apartaré mi rostro de ellos, y profanarán mi lugar preciado; entrarán ladrones en él y lo profanarán. 23¡Forja la cadena! Porque la tierra está llena de sangrientos crímenes, y la ciudad está llena de violencia. 24Traeré a las más perversas de las naciones para que se apoderen de sus casas. Pondré fin a la soberbia de los poderosos, y sus santuarios serán profanados. 25Cuando llegue la angustia, buscarán paz, pero no la habrá. 26Vendrá desastre sobre desastre, y rumor sobre rumor. Buscarán una visión del profeta, pero la instrucción faltará en el sacerdote y el consejo en los ancianos. 27El rey se lamentará, el príncipe quedará envuelto en la desesperación, y temblarán las manos del pueblo de la tierra. Los trataré conforme a su propia conducta, y según sus propios criterios los juzgaré. Entonces sabrán que yo soy su Padre.