Ester da un paso al frente por su pueblo
Mardoqueo gime vestido de cilicio a la puerta, y luego presiona a Ester: su palacio no la salvará, y quién sabe si llegó al trono para un momento como este. Ella convoca un ayuno de tres días y se presenta ante el rey sin ser llamada: si perece, que perezca.
4 1Cuando Mardoqueo supo todo lo que había sucedido, rasgó sus vestiduras, se vistió de cilicio y ceniza, y salió por la ciudad clamando con gran amargura. 2Pero solo llegó hasta la puerta del rey, pues nadie podía entrar en ella vestido de luto. 3En cada provincia adonde llegaba la orden y el decreto del rey, los judíos hacían gran duelo: ayunaban, lloraban y se lamentaban; muchos yacían en cilicio y ceniza.
4Cuando las jóvenes y los eunucos de Ester se lo contaron, la reina se retorció de angustia. Envió ropa para que Mardoqueo se quitara el cilicio, pero él no la aceptó. 5Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos del rey asignados a su servicio, y lo envió a Mardoqueo para averiguar qué era aquello y por qué. 6Así que Hatac salió a donde estaba Mardoqueo, en la plaza de la ciudad, frente a la puerta del rey, 7y Mardoqueo le contó todo lo que le había ocurrido, y la suma exacta que Amán había prometido pagar en las tesorerías del rey para destruir a los judíos. 8También le dio una copia del decreto de destrucción promulgado en Susa, para que se lo mostrara a Ester, se lo explicara y la instara a presentarse ante el rey, a suplicarle e interceder por su pueblo.
9Hatac regresó y le contó a Ester lo que Mardoqueo había dicho. 10Entonces Ester habló con Hatac y le dio este mensaje para Mardoqueo: 11«Todos los siervos del rey y el pueblo de sus provincias saben que, para cualquier hombre o mujer que entre en el atrio interior del rey sin ser llamado, hay una sola ley: la muerte, a menos que el rey le extienda el cetro de oro, para que viva. Y a mí no me han llamado ante el rey desde hace treinta días».
12Cuando le contaron a Mardoqueo lo que Ester había dicho, 13Mardoqueo respondió a Ester: «No pienses que, por estar en el palacio del rey, escaparás tú sola de entre todos los judíos. 14Si ahora te quedas callada, de otra parte surgirán alivio y liberación para los judíos, pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si has llegado al trono precisamente para un momento como este?» a a v14 Nuestro Padre no es nombrado en todo el libro de Ester, y sin embargo su mano invisible se mueve en cada giro de los acontecimientos: Mardoqueo está seguro de que vendrá la liberación, porque sabe que el Padre no abandonará a su pueblo.
15Entonces Ester envió esta respuesta a Mardoqueo: 16«Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa. Ayunad por mí: no comáis ni bebáis durante tres días, ni de noche ni de día. Yo también ayunaré con mis jóvenes. Después iré ante el rey, aunque sea contra la ley; y si perezco, que perezca». 17Así que Mardoqueo se fue e hizo todo lo que Ester le había ordenado.