Acércate para escuchar
Ve a la casa de Dios a escuchar, no a hablar; que tus palabras sean pocas y cumple lo que prometes. Amar el dinero nunca satisface, la riqueza puede desaparecer en un mal negocio, y te vas tan desnudo como llegaste. Disfrutar de tu parte del trabajo es un don de Dios.
5 1Guarda tus pasos al entrar en la casa de Dios. Acércate para escuchar, no para ofrecer el sacrificio de los necios—ellos no saben que están haciendo el mal. 2No te apresures con tu boca, ni tu corazón se dé prisa a hablar delante de Dios—Dios está en el cielo, y tú en la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. 3Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de las muchas palabras, la voz del necio. 4Cuando hagas un voto a Dios, no tardes en cumplirlo—él no se complace en los necios. Cumple lo que prometes. 5Mejor es no prometer que prometer y no cumplirlo. 6No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas al mensajero que fue un error. ¿Por qué habría de enojarse Dios por tu voz y destruir la obra de tus manos? a a v6 El mensajero es el oficial del templo o el sacerdote que recibía y registraba los votos en nombre de Dios. 7Porque en los muchos sueños y en las muchas palabras hay vapor pasajero. Por tanto, teme a Dios.
La opresión y el provecho de la tierra
8Si ves al pobre oprimido, y la justicia y el derecho pisoteados en una provincia, no te asombres—un oficial es vigilado por otro más alto, y otros más altos están por encima de ellos. 9Con todo, el provecho de la tierra es para todos; hasta el rey se sirve del campo.
10Quien ama el dinero nunca tiene suficiente; quien ama las riquezas nunca tiene bastante ganancia. También esto es pasajero. 11Cuando aumentan los bienes, aumentan también los que los consumen—¿qué provecho hay para su dueño, sino mirarlos con sus ojos?
12Dulce es el sueño del que trabaja, coma poco o mucho; pero al rico la abundancia no lo deja dormir.
13He visto un mal doloroso bajo el sol: riquezas guardadas por su dueño, para su propio daño. 14Aquellas riquezas se perdieron en un mal negocio, y cuando engendró un hijo, nada le quedó para dejarle. 15Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, yéndose como vino, sin llevar nada de su trabajo que pueda cargar en su mano. 16También esto es un mal amargo: tal como vino, así se va. ¿Qué gana de afanarse para el viento? 17Todos sus días come en tinieblas, con mucha frustración, enfermedad y enojo.
18Esto he visto: es bueno y conveniente comer, beber y ver el bien en todo el trabajo con que uno se afana bajo el sol durante los pocos días de vida que Dios le da—porque esa es su porción. 19Además, cuando Dios da a alguien riquezas, bienes y poder para disfrutarlos, para recibir su parte y hallar gozo en su trabajo—eso es don de Dios. 20Pocas veces recordará los días de su vida, porque Dios lo mantiene ocupado con la alegría de su corazón.