La promesa de nuestro Padre a los suyos
Miguel se levanta en una angustia sin igual, y los que duermen despiertan: unos para vida eterna, otros para vergüenza. Daniel pregunta hasta cuándo y se le dice que selle el libro. Nunca recibe la respuesta que quiere, solo esto: sigue tu camino, descansa y levántate para la herencia que tu Padre prometió.
12 1En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que guarda a los hijos de tu pueblo. Habrá angustia como nunca la ha habido desde que comenzaron las naciones, hasta entonces. En aquel tiempo será librado tu pueblo, todos los que se hallen inscritos en el libro. 2Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y desprecio eterno. 3Los sabios resplandecerán como el resplandor del cielo; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas, por siempre y para siempre. 4Pero tú, Daniel, cierra estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y el conocimiento aumentará.
5Entonces yo, Daniel, miré y vi a otros dos que estaban de pie, uno a cada orilla del río. 6Uno preguntó al varón vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: «¿Cuánto falta para el fin de estas maravillas?».
7Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, alzar su mano derecha y su izquierda hacia el cielo y jurar por Aquel que vive para siempre: será por un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se acabe de quebrantar el poder del pueblo santo, todas estas cosas quedarán cumplidas. a a v7 El Eterno por quien se hace el juramento —Aquel que vive para siempre— es nuestro Padre, principio y fin de todas las edades.
8Yo oí, pero no entendí, así que dije: «Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?».
9Y él respondió: «Anda, Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10Muchos serán purificados, emblanquecidos y refinados; pero los malvados seguirán haciendo el mal. Ninguno de los malvados entenderá, mas los sabios entenderán.
11Desde el momento en que sea quitado el sacrificio diario y sea colocada la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. 12Bienaventurado el que espere y llegue a los mil trescientos treinta y cinco días.
13Pero tú, sigue hasta el fin. Reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días».