Las siete plagas postreras
Los que rechazaron a la bestia están junto a un mar de vidrio cantando el cántico de Moisés y el del Cordero, y llaman justos y verdaderos a los caminos de nuestro Padre. Siete ángeles salen vestidos de lino resplandeciente con siete copas, y el humo llena el templo, de modo que nadie puede entrar hasta que sean derramadas.
15 1Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras, porque en ellas se consumó la ira de nuestro Padre.
2Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego, y de pie junto a él a los que habían vencido a la bestia, a su imagen y al número de su nombre, con las arpas de nuestro Padre. 3Y cantaban el cántico de Moisés, siervo de nuestro Padre, y el cántico de Jesús, el Cordero: «¡Grandes y admirables son tus obras, oh Padre soberano Todopoderoso! ¡Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones! 4¿Quién no te temerá, oh Padre, y glorificará tu nombre? Pues solo tú eres santo. Todas las naciones vendrán y se postrarán ante ti, porque tus actos de justicia han sido manifestados».
5Después de esto miré, y fue abierto en el cielo el templo, el tabernáculo del testimonio. 6Y salieron del templo los siete ángeles que tenían las siete plagas, vestidos de lino limpio y resplandeciente, y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro.
7Y uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de nuestro Padre, que vive por los siglos de los siglos. 8Y el templo se llenó de humo por la gloria de nuestro Padre y por su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se consumaran las siete plagas de los siete ángeles.