Nuestro hogar eterno con el Padre
Pablo explica por qué sigue desgastando su cuerpo. La tienda será deshecha, y una casa de nuestro Padre aguarda. El amor de Cristo lo apremia; el tribunal de Cristo lo espera. Nuestro Padre ha reconciliado al mundo consigo, y Pablo lleva ese ruego como embajador.
5 1Sabemos que si esta tienda terrenal en que vivimos se deshace, tenemos de nuestro Padre un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos. 2Pues en esta tienda gemimos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial, 3si en verdad, una vez vestidos, no somos hallados desnudos. 4Mientras estamos en esta tienda, gemimos agobiados; no porque queramos ser desvestidos, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5Y el que nos preparó para esto mismo es nuestro Padre, quien nos dio el Espíritu Santo como garantía.
6Así que siempre tenemos confianza, sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor, 7porque andamos por fe, no por vista. 8Así que tenemos confianza, y preferimos dejar el cuerpo y habitar con el Señor. 9Por eso, ya sea que habitemos en el cuerpo o que estemos ausentes, nuestro anhelo es agradarle. 10Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que corresponde a lo que hizo mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o malo.
Reconciliados y enviados como embajadores
11Así que, conociendo el temor del Señor, persuadimos a las personas; ante nuestro Padre estamos al descubierto, y espero estarlo también ante vuestra conciencia. 12No nos estamos recomendando de nuevo ante vosotros, sino dándoos motivo para enorgulleceros de nosotros, para que tengáis qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. 13Si estamos fuera de nosotros, es para nuestro Padre; si estamos en nuestro sano juicio, es para vosotros. 14Porque el amor de Cristo nos apremia, pues estamos convencidos de que uno murió por todos, por tanto todos murieron. 15Y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió por ellos y resucitó.
16Así que, de ahora en adelante, a nadie conocemos según criterios humanos. Aunque antes conocimos a Cristo de ese modo, ya no lo conocemos así. 17De modo que si alguno está en Cristo, ¡nueva creación! Lo viejo pasó; ¡mirad, lo nuevo ha llegado! 18Y todo esto proviene de nuestro Padre, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación: a a v18 La reconciliación comienza en el corazón mismo de nuestro Padre; él es quien tiende la mano para traernos a casa, y Jesús es la manera en que lo hace. 19Es decir, en Cristo, nuestro Padre estaba reconciliando consigo mismo al mundo, no tomándoles en cuenta sus pecados, y confiándonos el mensaje de la reconciliación.
20Somos, pues, embajadores de Cristo, como si nuestro Padre rogara por medio de nosotros. Os suplicamos de parte de Cristo: reconciliaos con nuestro Padre. 21Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que en él llegáramos a ser la justicia de nuestro Padre.