La luz del Padre resplandece a través de nosotros
Acusado de astucia y de motivos ocultos, Pablo responde que él solo expone la verdad con claridad. Es evidente que el poder no es suyo: atribulado, perplejo, derribado, nunca destruido. Un tesoro en vasijas de barro, y la fragilidad de la vasija es precisamente lo esencial, para que la gloria siga siendo de nuestro Padre.
4 1Por tanto, ya que tenemos este ministerio por la misericordia que se nos ha mostrado, no desmayamos. 2Al contrario, hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso. No actuamos con astucia ni distorsionamos la palabra de nuestro Padre. Más bien, al declarar abiertamente la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todos delante de nuestro Padre. 3Y si aun nuestro evangelio está velado, lo está para los que se pierden. 4Para ellos, el dios de este siglo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean la luz del evangelio: la gloria de Cristo, que es la imagen de nuestro Padre. a a v4 Aquí «el dios de este siglo» es el enemigo que ciega a las personas, no nuestro Padre; la palabra en minúscula señala al impostor que roba la luz destinada a sus hijos. 5Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor; y nosotros somos vuestros siervos por amor de Jesús.
6Porque nuestro Padre, que dijo: «Que de las tinieblas resplandezca la luz», es el que ha resplandecido en nuestros corazones, dando la luz: el conocimiento de la gloria de nuestro Padre en el rostro de Jesucristo.
7Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro, para que este poder incomparable sea de nuestro Padre y no de nosotros. 8Estamos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. 10Siempre llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11Porque nosotros, que vivimos, siempre estamos entregados a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12De manera que la muerte actúa en nosotros, pero en vosotros la vida.
13Con el mismo espíritu de fe, según está escrito: «Creí, por eso hablé», nosotros también creemos, por eso también hablamos, 14sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros delante de él. 15Todo esto es por vosotros, para que la gracia, alcanzando a más y más, haga abundar la acción de gracias para la gloria de nuestro Padre.
16Por tanto, no desmayamos. Aunque nuestro ser exterior se va desgastando, nuestro ser interior se renueva de día en día. 17Porque esta leve aflicción momentánea produce en nosotros un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, 18así que no ponemos la atención en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; pues las que se ven son pasajeras, pero las que no se ven son eternas.