David y el pan sagrado
Huyendo y desarmado, David le miente al sacerdote de Nob y sale con la espada de Goliat y el pan tomado de delante de nuestro Padre. Doeg el edomita lo ve todo. Después, reconocido en Gat, David se salva dejando correr la saliva por su barba y arañando las puertas.
21 1David llegó a donde estaba Ahimelec el sacerdote, en Nob. Ahimelec salió tembloroso a su encuentro y le preguntó: «¿Por qué vienes solo, sin nadie contigo?». 2David respondió a Ahimelec el sacerdote: «El rey me ordenó algo y me dijo: “Que nadie sepa nada del asunto por el cual te envío ni de lo que te he mandado”. A mis hombres los he citado en cierto lugar. 3Y ahora, ¿qué tienes a la mano? Dame cinco panes, o lo que puedas encontrar».
4El sacerdote respondió a David: «No tengo a la mano pan común, solo pan sagrado; con tal de que los jóvenes se hayan mantenido apartados de mujeres».
5David respondió al sacerdote: «De veras que las mujeres nos han sido vedadas, como siempre que salgo. Los cuerpos de los jóvenes están consagrados aun en un viaje común; ¡cuánto más lo estarán hoy sus cuerpos!». 6Entonces el sacerdote le dio el pan sagrado, pues allí no había otro pan sino el de la Presencia, que había sido retirado de delante de nuestro Padre para reemplazarlo con pan caliente el día en que fue quitado. a a v6 El pan de la Presencia eran doce panes que se guardaban en el lugar santo delante de nuestro Padre y se renovaban cada semana; normalmente solo a los sacerdotes se les permitía comerlo.
7Aquel día se hallaba allí uno de los siervos de Saúl, detenido delante de nuestro Padre: Doeg el edomita, jefe de los pastores de Saúl.
8David preguntó a Ahimelec: «¿No tienes aquí a la mano una lanza o una espada? Pues no traje conmigo ni mi espada ni mis armas, porque la orden del rey era urgente».
9El sacerdote respondió: «La espada de Goliat el filisteo, a quien mataste en el valle de Ela, está aquí, envuelta en un paño detrás del efod. Si quieres, tómala; no hay otra aquí sino esa». David dijo: «Ninguna se le compara; dámela».
David huye a Gat
10Aquel día David se levantó y huyó de Saúl, y llegó a donde estaba Aquis, rey de Gat. 11Pero los siervos de Aquis le dijeron: «¿No es este David, el rey del país? ¿No es este aquel de quien cantaban en sus danzas: “Saúl derribó a sus miles, y David a sus diez miles”?».
12David tomó muy a pecho estas palabras y tuvo mucho miedo de Aquis, rey de Gat. 13Así que cambió su comportamiento delante de ellos y se hizo pasar por loco en su presencia; hacía garabatos en las puertas de la ciudad y dejaba correr la saliva por su barba. 14Aquis dijo a sus siervos: «Miren, bien ven que este hombre está loco. ¿Por qué me lo traen? 15¿Acaso me faltan locos, para que me trajeran a este a delirar delante de mí? ¿Ha de entrar este en mi casa?».