Nuestro Padre alimenta a Elías por medio de los cuervos
Elías anuncia una sequía y nuestro Padre lo esconde junto a un arroyo donde los cuervos lo alimentan. Cuando se seca, una viuda hambrienta de Sarepta gasta en él su última harina y nunca se le acaba; cuando su hijo deja de respirar, el clamor de Elías lo devuelve a la vida.
17 1Elías tisbita, de Tisbe de Galaad, dijo a Acab: «Vive nuestro Padre, el Dios de Israel, ante quien estoy, que no habrá rocío ni lluvia en estos años, sino por mi palabra».
2Entonces vino a Elías la palabra de nuestro Padre:
3«Sal de este lugar, dirígete hacia el oriente y escóndete junto al arroyo de Querit, al este del Jordán. 4Beberás del arroyo, y he ordenado a los cuervos que allí te alimenten».
5Así que fue e hizo conforme a la palabra de nuestro Padre; fue y se quedó junto al arroyo de Querit, al este del Jordán. 6Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde, y bebía del arroyo. 7Al cabo de un tiempo se secó el arroyo, porque no había llovido en la tierra.
Nuestro Padre provee por medio de una viuda
8Entonces vino a él la palabra de nuestro Padre:
9«Levántate, ve a Sarepta, cerca de Sidón, y quédate allí. He ordenado a una viuda de ese lugar que te alimente».
10Así que fue a Sarepta. Al llegar a la puerta de la ciudad, una viuda recogía leña. Él la llamó y le dijo: «Te ruego que me traigas un poco de agua en un cántaro para beber». 11Cuando ella iba a traerla, él la llamó y le dijo: «Te ruego que me traigas también un pedazo de pan».
12Ella respondió: «Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan; solo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija. Estoy recogiendo unos palos para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, y comerlo, y luego morir».
13Elías le dijo: «No temas. Ve y haz como has dicho; pero primero hazme a mí una pequeña torta con ello y tráemela; después harás para ti y para tu hijo.
14Porque así dice nuestro Padre, el Dios de Israel: “La tinaja de harina no se agotará, ni menguará la vasija de aceite, hasta el día en que nuestro Padre haga llover sobre la tierra”».
15Ella fue e hizo como Elías dijo, y comieron ella, él y su casa durante muchos días. 16La tinaja de harina no se agotó, ni menguó la vasija de aceite, conforme a la palabra que nuestro Padre había dicho por medio de Elías.
17Después de esto, el hijo de la mujer, dueña de la casa, cayó enfermo. Su enfermedad se agravó tanto que no quedó aliento en él. 18Y ella dijo a Elías: «¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a recordarme mi culpa y a hacer morir a mi hijo?».
19Él le dijo: «Dame a tu hijo». Y lo tomó de su regazo, lo llevó al aposento de arriba donde él moraba, y lo puso sobre su propia cama. 20Entonces clamó a nuestro Padre: «Padre mío, ¿aun a la viuda con quien me hospedo has afligido, haciendo morir a su hijo?». 21Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a nuestro Padre: «Padre mío, te ruego que el alma de este niño vuelva a él».
22Nuestro Padre oyó el clamor de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió. a a v22 Esta es la primera vez en las Escrituras que alguien es resucitado de entre los muertos, revelando a nuestro Padre como el que da y restaura la vida, y apuntando hacia la resurrección que llega en plenitud por medio de Jesús. 23Elías tomó al niño, lo bajó del aposento de arriba a la casa y lo entregó a su madre. «Mira», dijo Elías, «tu hijo vive».
24Entonces la mujer dijo a Elías: «Ahora conozco que eres varón de Dios, y que la palabra de Dios en tu boca es verdad».