Armados para la voluntad del Padre
Los viejos amigos se ofenden cuando dejas de acompañarlos, y Pedro dice que hay que esperarlo. Pide a sus lectores que sean sensatos, hospitalarios sin quejarse, y que usen el don que cada uno tenga. Las pruebas de fuego no son algo extraño: el juicio comienza por la propia casa de nuestro Padre.
4 1Así pues, ya que Cristo sufrió en la carne, ármense también ustedes con la misma manera de pensar: quien sufre en la carne ha terminado con el pecado. 2Para que ya no vivan el tiempo que les queda en la carne conforme a los deseos humanos, sino conforme a la voluntad de nuestro Padre. 3Ya han gastado bastante tiempo haciendo lo que quieren los que no conocen al Padre: viviendo en sensualidad, lujuria, borracheras, fiestas desenfrenadas, orgías y la idolatría abominable. 4Les sorprende que ya no corran con ellos hacia el mismo torrente de vida desenfrenada, y por eso los insultan. 5Pero ellos tendrán que dar cuenta a aquel que está listo para juzgar a los vivos y a los muertos. 6Por esto se predicó el evangelio aun a los que ahora están muertos: para que, juzgados en la carne como todos los seres humanos, vivan en el espíritu como vive nuestro Padre.
7El fin de todas las cosas está cerca. Por tanto, sean sensatos y dueños de sí mismos para que puedan orar. 8Sobre todo, sigan amándose profundamente unos a otros, porque el amor cubre multitud de pecados. 9Practiquen la hospitalidad unos con otros sin quejarse. 10Cada uno de ustedes, empleen el don que hayan recibido para servir a los demás, como buenos administradores de la multiforme gracia de nuestro Padre. 11El que habla, hable como quien transmite las palabras mismas de nuestro Padre. El que sirve, sirva con la fuerza que él le da, para que en todo él sea glorificado por medio de Jesucristo. A él pertenecen la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Sufrir en el nombre del Padre
12Amados, no se sorprendan por la prueba de fuego que los está probando, como si algo extraño les estuviera sucediendo. 13Al contrario, alégrense en la medida en que participan de los sufrimientos de Cristo, para que también se regocijen con gran gozo cuando su gloria sea revelada. 14Si son insultados por el nombre de Cristo, son bienaventurados, porque el Espíritu de gloria y de nuestro Padre reposa sobre ustedes. 15Que ninguno de ustedes sufra como asesino, ladrón, malhechor o entrometido en asuntos ajenos. 16Pero si sufre como cristiano, no se avergüence, sino alabe a nuestro Padre por llevar ese nombre. 17Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de nuestro Padre; y si comienza por nosotros, ¿qué les espera a los que desobedecen las buenas nuevas de nuestro Padre? 18Y: «Si el justo apenas se salva, ¿qué será del impío y del pecador?» 19Así que los que sufren conforme a la voluntad de nuestro Padre, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien.